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El origen del caballo

22 junio 20099.884 lecturasUn comentario
 

El caballo, de nombre científico Equus caballus, es un mamífero perisodáctilo de la familia de los équidos, herbívoro, cuadrúpedo, de cuello largo y arqueado. A la hembra del caballo se le llama yegua y a los ejemplares jóvenes, potros. La cría y utilización del caballo por parte del hombre se conoce como ganadería equina o caballar. El nombre del caballo procede del latín caballus que daba nombre al caballo castrado; del femenino latino equa derivó en yegua y a los animales jóvenes en general se les denominaba pullus, textualmente ‘pollos’; de ahí que de una palabra del latín vulgar pulliter, pullitri derivara potro o potrillo.

Hace 55 millones de años habitó el Hyracotherium (o Eohippus), del cual descienden todos los miembros del género Equus. El Eohippus tenía un tamaño que oscilaba entre los 20 y los 40 cm de altura, con cuatro dedos en las extremidades anteriores y tres en las posteriores. A simple vista era similar a un perro o un animal pequeño. Sus orígenes se pueden encontrar en América del Norte, donde se extinguió. Muchos millones de años más tarde serían los colonizadores españoles quienes reintroducirían el caballo en el continente americano, tras el descubrimiento de América.

La evolución del eohippus le hizo aumentar su altura hasta los 115 cm y perder sus dedos hasta hacerse monodáctilo, es decir, se desplazaba con un solo dedo. Poco a poco, su único dedo se endurecería hasta desarrollar cascos para poder huir de los depredadores, similar a las pezuñas antes de su estado más evolucionado.

El Eohippus evolucionaría posteriormente a una especie denominada Mesohippus, de mayor tamaño y que ya presentaba pies con forma de casco. Luego éste evolucionaría al Merychippus, después a la especie del Pliohippus, para luego evolucionar al equus y, finalmente, al caballo que conoce hoy en día, los equinos.

Pronto sus mandíbulas evolucionarían hasta llegar al género denominado Equus, de ahí el nombre de equinos, del que procede toda la familia de los caballos. En realidad esta teoría no está aceptada por la totalidad de la comunidad científica, aunque sí es la más extendida.

La evolución del caballo puede seguirse mediante el registro fósil de rocas de hace millones de años, hasta llegar al Hyracotherium (también llamado Eohippus), un pequeño mamífero herbívoro que vivió durante el periodo Eoceno. El Hyracotherium era un animal con tamaño similar al de un zorro, y tenía cuatro dedos en las patas delanteras y tres en las traseras, terminando cada uno en una uña. En esa época aparecieron a la vez en Norteamérica y Eurasia diversas especies y géneros relacionados. Parece ser que las especies euroasiáticas desaparecieron; sin embargo, las especies americanas dieron lugar durante el Oligoceno al género Mesohippus del tamaño de una gacela, que tenía sólo 3 dedos en las patas delanteras.

Algo más tarde, en el Mioceno, a Mesohippus le sucedió Hypohippus y Anchitherium; se cree que ambas especies colonizaron después Eurasia desde América del Norte. Otros descendientes de Mesohippus fueron Miohippus y Merychippus; este último género desarrolló dientes con coronas muy altas, lo que le permitió, a diferencia de Hyrachotherium, que pastaba hierba, ramonear las hojas y brotes de árboles y arbustos. Entre los descendientes de Merychippus estaba Hipparion, que durante el Plioceno se desplazó y expandió desde Norteamérica hasta Eurasia, y Pliohippus, el primer antepasado de un solo dedo en las extremidades anteriores, antecesor de Pleshippus y de su sucesor, el caballo moderno, es decir, el género Equus. El paso entre América del Norte y Eurasia se realizaba a través del estrecho de Bering cuando ambos continentes estaban unidos, hace varias decenas de millones de años atrás.

Se cree que durante el Pleistoceno el género Equus extendió su área de distribución desde Norteamérica a Eurasia, África y Sudamérica. Algún tiempo después los caballos americanos se extinguieron, quizá por alguna enfermedad. Diversos hallazgos en cuevas de Europa indican que el caballo era un animal muy abundante durante la edad de piedra en dicho continente; se han encontrado suficientes restos de esqueletos de caballos dentro y en los alrededores de estas cuevas como para afirmar que eran consumidos por el ser humano. El número de caballos disminuyó en el neolítico, cuando Europa estaba cubierta por bosques en su mayor parte. Se han encontrado restos de la edad del bronce, embocaduras y piezas de arneses, que demuestran que el caballo ya estaba domesticado en esta época. Aunque por otra parte, existen estudios que hacen pensar una domesticación más temprana en Eurasia, debido a que, pese a no tener restos de las monturas y herramientas usadas para cabalgar, se encuentran zonas de poblaciones tribales donde la tierra tiene una concentración muy alta en fósforo que hace pensar que muchos caballos debieron dejar allí sus excrementos y al estar tan cerca del emplazamiento, puede parecer que algunas caballos ya habían sido domesticados entonces.

Durante la evolución hasta el género equus, se tienen en cuenta los restos encontrados en rocas datadas en diferentes periodos, donde se encontraron huesos de las extremidades anteriores y molares, piezas donde evaluar las características de cada especie.

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Un comentario »

  • Carmen comentó:

    Genial, gracias por este artículo me sirvió para un trabajo

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