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Protestas de grupos animalistas contra las carreras de caballos en Reino Unido

12 mayo 2009280 lecturasSin comentarios
 

“El deporte de reyes” llevó a seis caballos a la muerte el pasado 10 de mayo de 2009 en la carrera de Killarney, al suroeste de Irlanda. Además, cuatro caballos participantes resultaron lesionados. El oficial de la carrera, Brendan Sheridan, desestimó la cifra de caballos muertos como simplemente “la ley de los promedios”. Horse racing, denominación inglesa de las carreras de caballos, es un “deporte” donde no todos los “competidores” toman parte voluntariamente. De hecho, la mitad nunca han tenido otra opción. Es justo la mitad que es dopada para correr, utilizada para criar, que es azotada, muerta en la pista, matada durante un entrenamiento o desechada cuando ya no valen para la industria de las carreras de caballos.

Se estima que 420 caballos mueren cada año en carreras celebradas en Reino Unido. Aproximadamente un 38% de los caballos criados para las carreras muere en la competición, otros son sacrificados por no resultar recuperables tras heridas o lesiones incluso durante los entrenamientos o bien cuando ya no son comercialmente útiles para los propietarios.

Con unos 18 000 ejemplares criados para las carreras entre las industrias de Irlanda y Reino Unido, sólo un 40% llegarán a participar en las competiciones. Unos 6000 caballos dejan cada año la competición al no ser ya suficientemente fuertes para las carreras, pero a pocos se les proporcionarán medios para vivir en buenas condiciones tras retirarse.

Los caballos de carreras habitualmente llegan a pesar en torno a 455 kilos y corren a velocidades de entre 58 y 70 kilómetros por hora. Los caballos se desplazan sobre los dedos y cuando corren tan rápido cargan tanto sobre los tobillos que el impacto en las articulaciones y al nivel del hueso de la caña es de aproximadamente doce mil libras, unos 5443 kilos. Lo hacen dentro de un grupo de seis a siete caballos que en conjunto se agitan en frenesí dirigidos en el recorrido la pista para alcanzar antes al cable tendido en la meta. Las lesiones y las muertes de algunos caballos son inevitables así.

grupos animalistas contra las carreras de caballos en Reino Unido

En la cría de los caballos pura sangre la selección es realmente endogámica. Algunas enfermedades graves relacionadas con el desgaste físico de las carreras son endémicas. Un 82% de los caballos con más de 3 años de edad que han competido en las flat races, carreras en sprint con vallas de obstáculo, sufren de hemorragias internas en los pulmones. El grado de estrés que sufren los caballos de competición modernos se puede medir por la incidencia de esta enfermedad denominada en inglés ‘exercise induced pulmonary haemorrhage’ (EIPH). En algunos caballos se puede observar que incluso sangran por las fosas nasales. Las úlceras gástricas están presentes en no menos del 93% de los caballos en entrenamiento, su condición progresivamente va a peor. Cuando los caballos se retiran de la competición y están bien atendidos suelen mejorar su salud.

Las carreras de caballos son un negocio turbio vestido como glamouroso. Cuando los caballos ya no son considerados válidos, son desechados en una variedad de maneras. A principios del año 2009 se reveló que 100 caballos a la semana son asesinados en un matadero de Kilkenny su carne es empleada para alimentar a los leones y tigres en el zoológico de Dublín. Muchos caballos se exportan al extranjero para morir en países que los sacrifican para carne, con formas de transporte que ignoran la legislación europea. La carne de caballo no es siempre para consumo humano ya que no es tan demandada como la de otros animales considerados ganado. También se ha denunciado que algunos ejemplares desechados pudieron ser empleados en experimentos.

La industria parece tener un punto ciego en lo referente a lo que sucede con los caballos. Los medios del sector detallan casi todos los detalles salvo esto último. Un propietario admite: “Un caballo es un animal cuyo mantenimiento es muy caro y si no pueden participar en carreras, ni saltar ni sirven para la reproducción, entonces no son de mucho uso para nadie.”

¿Qué clase de “deporte” mata a tantos competidores? Incluye correr y también saltar. El objetivo no es sacar sangre. Comparado con otros deportes físicos como el fútbol, rugby e incluso las pruebas de velocidad y salto de vallas en atletismo, estas cifras serían un escándalo y con razón.

¿Así también aplica la ley de los promedios al especismo? La mayor parte de las leyes sí. Seis caballos murieron en Killarney en la carrera del 10 de mayo. Sus nombres: Panther Creek, Robin du Bois, Imperial Hills, Wishwillow Lord, Sonorra; y se cree que también murió Tusa An Fear. Un jockey dirigió a dos de los caballos muertos. Pero ningún jinete murió. Que nadie muera es parte de lo que debería ocurrir en cualquier deporte. Los jockeys maquillan la otra mitad de los competidores, son quienes tienen elección. Si seis jockeys hubiesen muerto ese día en la carrera se habría publicado una noticia bien diferente en los periódicos y las portadas dedicadas a la hípica. Esto es sólo una comparación. Es por supuesto una fortuna que ningún humano muriera. Pero es un escándalo que los participantes que no han tenido elección estén muertos.

La hípica o las competiciones de carreras de caballos denominadas horse racing son una actividad explotadora que arruina vidas y viola derechos. Sigue funcionando por dinero y para la fascinación de unos pocos. Parece que cualquier actividad con espectáculo puede ser racionalizada si hay suficiente gente que esté dispuesta a pagar para verla.

¿El deporte de reyes? La historia nos ha mostrado que las monarquías fueron despiadadas y llenas de endogamia. Así que al menos este es un rasgo sobre el cual la industria de las carreras de caballos es honesta.

Según los grupos Nara Campaigns y Animal Aid UK, las estadísticas de la industria del horse racing son alarmantes ya que se oculta el número de caballos desechados tras la cría y el entrenamiento, aquellos ejemplares que no son físicamente competitivos y no llegan a participar en las carreras. Aproximadamente, entre 12000 y 15 000 caballos son criados para las carreras cada año entre Irlanda y el Reino Unido. Sólo entre un 33 y un 50% tendrá aptitudes físicas para competir en las carreras, donde cientos, cerca de 400, morirán por lesiones o enfermedades relacionadas con el sobreesfuerzo. Miles serán sacrificados cuando no sean útiles a los propietarios. Muchos ejemplares comienzan a competir en flat races, los sprints con salto de vallas, con 2 años de edad. Sin embargo está estudiado que los caballos no alcanzan completa madurez hasta los 5 años, lo cual hace a las yeguas más jóvenes sobrecargar sus extremidades todavía no del todo desarrolladas.

Los caballos que consiguen mantenerse en competición a la edad de 6 años son “promovidos” a carreras de persecución. Éstas pueden casuar un intolerable alto porcentaje de caídas, lesiones y fatalidades. Aquellos equinos que sobreviven a daños graves pueden participar en una docena de carreras cada año hasta que alcancen la edad de 13 años, donde tienen que retirarse. Unos 5000 caballos de carreras terminan su trayectoria cada años. Muchos son propiedad de empresas o individuos que no desean proporcionar recursos a los animales que ya no pueden dar un día de diversión o la posibilidad de una recompensa financiera. La preocupación por su bienestar es inexistente.

Los jinetes de carreras o jockeys usan una fusta para hacer correr más rápido a los caballos o para hacer que sigan accelerando cuando se cansan. Frecuentemente los jockeys reciben una penalización que les impide participar en carreras por uno o dos días cuando se considera que utilizaron el látigo en exceso para azotar al caballo. Sin embargo, incluso cuando se pone una sanción, los resultados de la carrera no se modifican, se mantienen las posiciones por lo que si el jockey considera que el uso de la fusta le ayudó a ganar y por tanto también obtuvo mejor premio económico, seguirá utilizándolo.

Artículos fuente en inglés:

Vegaplanet: Six horses raced to death in Killarney.
Nara campaigns: Horse Racing.

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